Viernes, 19 de Octubre 2018
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Asma

Se trata de un proceso inflamatorio que afecta a las vías aéreas desencadenando episodios de dificultad respiratoria, con o sin opresión torácica, generalmente asociada a tos y ruidos torácicos (sibilantes o “pitos en el pecho”). Las tres características fisiopatológicas fundamentales del asma son: la inflamación de las vías aéreas, el aumento de la sensibilidad de las mismas a diversos estímulos y la obstrucción variable de las vías aéreas, que puede ser reversible de manera espontánea o con tratamiento.

El asma es una enfermedad compleja en la que participan muchos mecanismos infamatorios. En la mayoría de los pacientes asmáticos se detecta patología alérgica y con frecuencia se asocia rinitis.

Según la gravedad el asma se clasifica en LEVE, MODERADA O GRAVE, según la frecuencia e intensidad de los síntomas, repercusión sobre la vida diaria, grado de obstrucción bronquial y medicación necesaria para su control. Esto permite al medico una valoración global de la enfermedad y la selección del tratamiento más adecuado.

Pueden causar asma los pólenes, los ácaros del polvo doméstico y los ácaros de almacenamiento, los epitelios de animales, los hongos y más de 200 diferentes alergenos ocupacionales que pueden provocar asma laboral. En estos casos, de forma característica los síntomas mejoran fuera del horario laboral y en vacaciones. Las profesiones más expuestas están en relación con la industria farmacéutica, la alimentaria, la madera, los detergentes, etc. Los alergenos alimentarios pueden provocar asma en la infancia acompañados de otros síntomas como urticaria, etc. Es muy raro en adultos.

El asma también puede desencadenarse por agentes inespecíficos como el ejercicio físico, las partículas en suspensión como el humo del tabaco, infecciones respiratorias, cambios climáticos, factores emocionales, medicamentos (aspirina y otros analgésicos y anti-inflamatorios no esteroideos, además de beta-bloqueantes), algunos conservantes, alteraciones hormonales, etc.

 

Diagnóstico de asma

El médico lo sospecha ante la aparición de los síntomas típicos del asma (dificultad para respirar, ruidos torácicos, opresión en el pecho y tos) sobretodo si se presentan de forma episódica, con periodos de normalidad entre las crisis o predominantemente durante la noche. En estos casos, la prueba clave para el diagnóstico es la ESPIROMETRIA, que permite demostrar la existencia de obstrucción bronquial. También puede ser de utilidad la medición del flujo máximo o pico de flujo. Este último, es un dispositivo portátil y sencillo que puede ser usado por el paciente para controlar la evolución de la enfermedad y respuesta al tratamiento.

En algunos pacientes son necesarias pruebas de provocación bronquial inespecíficas evaluando la inducción de obstrucción bronquial por medio de ciertos agentes. Para el diagnóstico de la causa del asma hay que realizar pruebas de alergia, habitualmente con tests cutáneos y detección de IgE específica. Sólo en pacientes muy concretos, habitualmente en casos de asma laboral, se realizarán pruebas de provocación inhalativa específicas, es decir, exponer al paciente al agente sospechoso de forma controlada.

Para el control del paciente asmático es fundamental revisar la situación clínica, el consumo de medicación antiasmática, la auscultación cardio-respiratoria y la evaluación de la obstrucción bronquial. En determinados casos puede estar indicada la realización de pruebas radiológicas de tórax y de senos paranasales.


Tratamiento

Varía según su gravedad (si es leve, moderado o severo) y según el tipo de proceso: si asocia alergia respiratoria, intolerancia a fármacos, patología naso-sinusal, etc. Los OBJETIVOS son: prevenir las crisis agudas, mantener al paciente libre de síntomas, manteniendo tolerancia a la actividad física, intentar que la función pulmonar sea lo más normal posible y producir el menor número de efectos secundarios.

En los últimos años se ha prestado especial atención al CONTROL del asma. Para conseguirlo es imprescindible la colaboración del paciente en un plan personalizado de cuidados que implican no sólo la utilización de medicamentos sino otras cuestiones como la prevención de las exacerbaciones, su tratamiento precoz, etc.

El tratamiento se puede dividir en:

1. Control ambiental: eliminación o disminución de los agentes causantes de exacerbaciones, de especial importancia en pacientes alérgicos: pólenes, ácaros del polvo, epitelios de animales, hongos, etc. Es importante también la evitación del tabaco, exposición a irritantes, agentes infecciosos, etc.

2. Medicamentos: La vía inhalatoria es la que ofrece mayor eficacia y menos efectos secundarios, en forma de aerosol presurizado, dispensadores de polvo seco o en solución para nebulizar.

BRONCODILATADORES: Actúan sobre la musculatura lisa de las vías aéreas induciendo la dilatación temporal de los bronquios y por lo tanto alivian la sensación de dificultad respiratoria y los demás síntomas del asma. Deben usarse lo antes posible para tratar los síntomas y ocasionalmente se indican también previo a la realización de ejercicio físico. El aumento en las necesidades de broncodilatadores indica deterioro de la enfermedad y la necesidad en la realización de ajustes en el tratamiento.

BRONCODILATADORES ADRENÉRGICOS (Beta 2-agonistas). Son los más potentes y los que más se usan. Se utilizan habitualmente vía inhalatoria aunque pueden administrarse por vía oral, intravenosa y subcutánea. Sus efectos secundarios son generalmente leves, temblor, taquicardia, ansiedad... Los broncodilatadores beta 2-adrenérgicos más utilizados son el salbutamol (Ventolin®, Salbutamol®) y la terbutalina (Terbasmin®). Tienen un efecto rápido sobre los síntomas asmáticos y su efecto dura de 4 a 6 horas. Existen otros broncodilatadores de acción más prolongada como el salmeterol y el formoterol, que se administran dos veces al día (cada 12 horas) por su acción más prolongada. Son eficaces también en el alivio de los síntomas nocturnos. Existen también otros fármacos beta 2-adrenérgicos que se administran por vía oral y que son activos desde 8 hasta 24horas.

CORTICOIDES: Reducen la inflamación de las vías aéreas disminuyendo la frecuencia e intensidad de las crisis y mejorando la evolución de la enfermedad a largo plazo. Por su mecanismo de acción, no actúan inmediatamente, sino de forma sostenida y por tanto han de administrarse de forma continuada aunque no se tengan síntomas. Existen múltiples compuestos para su administración vía inhalatoria: beclometasona,, budesonida, ciclesonida, fluticasona, mometasona, etc. Los corticoides vía oral, intramuscular o intravenosa se reservan para agudizaciones graves o para asma grave persistente y se deben utilizar durante periodos cortos y en dosis únicas por la mañana o días alternos, si su administración es continuada.

TEOFILINAS: Son también fármacos broncodilatadores y anti-inflamatorios aunque menos potentes que los corticoides. Se utilizan por vía oral en suspensión o comprimidos de liberación retardada para su uso de forma mantenida en casos de asma moderados-severos no bien controlados con dosis óptimas de broncodialatadores y corticoies. Su perfil de tolerancia no es óptimo, induciendo efectos secundarios como el insomnio, nerviosismo, náuseas, vómitos...

ANTICOLINÉRGICOS: Actualmente se usan el tiotropio y el bromuro de ipatropio. Ambos se pueden administrar vía inhalatoria. Son menos potentes y tienen menor rapidez de acción que los beta2-adrenérgicos. Están especialmente indicados en casos de hipersecreción de moco. Sus efectos secundarios son sequedad de mucosas y visión borrosa.

ANTILEUCOTRIENOS: Son fármacos con acción anti-inflamatoria cuyo mecanismo de acción se sitúa en la síntesis de sustancias pro-inflamatorias que participan en los mecanismos implicados en tanto en la rinitis como en el asma. Por tanto mejoran los síntomas de vías aéreas altas y bajas. Son útiles tanto en el asma infantil como en el adulto, se administran vía oral,

CROMONAS: El nedocromil sódico ejerce dos acciones, antiinflamatoria y antialérgica careciendo de efectos secundarios importantes. Sólo se utiliza vía inhalatoria. También está indicado como pre-tratamiento antes del ejercicio físico previene la crisis inmediata y tardía (8 a 10 horas) . El cromoglicato sódico pertenece al mismo grupo que el anterior pero su eficacia es menor.


3. Inmunoterapia: Es el único tratamiento que actúa sobre la causa de los procesos alérgicos. Su objetivo consiste en inducir la disminución o desaparición de la sensibilización alérgica. Esto se realiza por medio de la administración prolongada (por inyección subcutánea o por vía sublingual) de pequeñas cantidades de alergeno, con el fin de inducir tolerancia ante nuevas exposiciones. Es un tratamiento eficaz y seguro siempre que se indique y se administre correctamente por profesionales entrenados.

La inmunoterapia específica con alergenos ha sido, por mucho tiempo, un tratamiento polémico para el asma. De hecho, la inmunoterapia está contraindicada cuando el asma es grave o no está controlado. Sin embargo, revisiones independientes (Cochrane) de estudios y ensayos clínicos realizados con inmunoterapia concluyen que esta modalidad de tratamiento reduce los síntomas y el uso de los medicamentos para el asma y mejora la hiperreactividad bronquial.